empiremovies.com

Recientemente vi la película “Eat Pray Love”, con Julia Roberts. Personalmente, me encantan todas las películas de Julia Roberts 😉 . En ésta en particular, me fascina la forma en que la protagonista emprende una jornada de búsqueda de su propio ser, tras haberse perdido en una relación y un lugar que ya no le hacían sentido. Llega al punto en el cual ella se siente equilibrada, encontrada y a gusto consigo misma. En ese punto de conformidad, ella debe tomar una decisión que la inquieta, una que pone en riesgo su equilibrio: volver a amar.

Las exigencias del amor, el trabajo y la familia, muchas veces nos pueden halar hasta el punto de sentir que nos perdemos a nosotros mismos. Podemos pensar: “¿Qué pasó con lo que yo quiero?” o “¿Nadie piensa en mí?”

Todos sentimos la necesidad de equilibrio

Vivimos en un proceso de negociación constante. A medida que vamos creciendo, asumimos compromisos que parecen restar de nuestro tiempo personal. Cuando niños, acostumbrábamos a jugar todo el tiempo. Llegó el tiempo de ir a la escuela, y con ello el tiempo de atender a clases y hacer asignaciones en nuestras casas. Ahora hay menos tiempo para jugar. Crecemos un poco más y para algunos, aun ya en la escuela superior debemos realizar tareas para ganarnos el dinero necesario para poder salir con amistades. Lavamos los carros, limpiamos patios, algunos conseguimos trabajos a tiempo parcial. Menos tiempo para jugar. Llegamos a la universidad, nos graduamos y TENEMOS que trabajar para poder cubrir los altos costos de vida. Muchos pasamos tiempos en los cuales tenemos hasta 2 trabajos para poder vivir. Recuerdo que en el 2007 y 2008 trabajaba de 7am a 3pm en una finca de papayas y calabazas y por las tardes limpiaba patios porque en el 2006 había comenzado un negocio de jardinería. Estudiaba en la universidad de 6pm a 10pm para poder terminar mi bachillerato. Luchaba para poder acomodar por lo menos 2 ó 3 horas semanales para desenvolverme en mi hobby y pasión: la música.

¡Ni se diga lo que sucede cuando nos enamoramos! ¡Algunos nos perdemos por completo! Ya no queremos realizar las tareas de la escuela. Queremos trabajar lo suficiente para poder pagarle los gustitos a la pareja para tenerla contenta. Los hobbies… ¿Qué hobbies? Le queremos dedicar a esa persona todo el tiempo que tengamos disponible.

A la protagonista de “Eat Pray Love” le sucedió algo así. Ella es una escritora exitosa en Nueva York, casada. Le apasionaba su trabajo pero su compañero y ella habían cambiado tanto desde que se casaron que ya nada hacía sentido. En medio de la confusión y el vacío de un proceso de divorcio, decide viajar a lugares donde cree que puede volver a encontrar la pasión por la vida.

Volviendo a encontrarte contigo mism@

El personaje de Julia Roberts decide irse a vivir 4 meses en Italia con la esperanza de que la pasión por la vida de los italianos se le contagiará. Entre la comida deliciosa y los momentos de gozo en familia de nuevas amistades, lo logra. Luego se va a India a emprender una búsqueda espiritual. Se le enseña que Dios está dentro de ella. Lucha por meses por aprender a controlar sus pensamientos pero al final se siente satisfecha ante oportunidades de realizar obras desinteresadas. Se siente llena, gozosa y casi lista para regresar a su “verdadera vida” en Nueva York. De forma totalmente inesperada, conoce a un individuo que la reta con la oportunidad de volver a amar. Pero ella piensa que volver a amar es volver a perderse, ¡y ella se acababa de volver a encontrar! Ella niega la propuesta de su marchante y le confiesa a su mentor que lo hizo por no volver a perder el balance.

Perder el balance por amor es parte del balance

Una de mis partes favoritas en la película es cuando el mentor le dice a la protagonista que (parafraseo y traduzco) “a veces perder el balance por amor es parte del balance en la vida”. Compartir nuestro tiempo, nuestros recursos y nuestro esfuerzo con seres queridos y actividades que nos apasionan es parte de tener una vida equilibrada. Un hombre sabio me dijo una vez que “no debemos ser tan religiosos como para volvernos fanáticos y perder contacto con las realidades de la gente y la vida, pero tampoco debemos ser carnales hasta el punto del egoísmo y solo vivir por nosotros mismos. La clave está en el balance”.

Vivimos en un mundo real. Con trabajos reales. Familias reales. Familiares a menudo difíciles. Dolores reales, y alegrías reales. Sentimientos que se ven reflejados en el plano virtual de nuestras redes sociales, plasmados en los walls, perfiles y cuentas de personas que “conocemos”. En este mundo real hay necesidades reales. Hay hambre, soledad, incertidumbre, falta de valores, injusticias y desespero. No podemos confundir espiritualidad con religiosidad. Aunque yo mismo practico activamente mi fe cristiana, he luchado por no convertirme en un religioso ritualista. Muchas veces perdí el balance y asumí una postura altiva ante los demás porque pensé que “yo creo en la verdad, yo tengo la verdad, y tú no”. La religión divide a la gente según sus creencias, mientras la espiritualidad te da el sentido de que todos estamos conectados. Aunque estemos en diferentes lugares y hayamos sido criados en diferentes culturas con diferentes formas de ver la vida, todos fuimos creados de la misma fuente de vida. Por eso nos debemos amar, porque estamos todos juntos aquí. De alguna forma, yo necesito de ti y tú de mí.

Yo necesitaba enamorarme. Enamorarme de mi esposa, enamorarme de Dios y de mi propia vida para poder valorarla y valorar la tuya. “Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si diera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha” (1 Corintios 13: 1-3).

Creo que perder el balance por amor es parte del balance, porque creo que vivir de forma balanceada requiere muchísimo amor. Amar nos lleva a entender que nuestro tiempo personal y el tiempo que invertimos en los demás es el mismo tiempo.