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Estoy tomando un curso de Técnicas y Destrezas de Consejería y Psicoterapia en la universidad como parte de mi maestría. El profesor expuso que una de las formas más efectivas de enseñar un valor, o una estrategia de vida, es mediante el modelaje. Trajo como ejemplo el auto-manejo (self-management). Para tratar de impulsar una persona a lograr mayor control de su vida, debemos poder reflejar auto-manejo. Esto abarca habilidades para solucionar problemas, organización general y estructura en la vida, cumplir con compromisos, higiene y apariencia, superación y resiliencia frente a obstáculos.

Yo creo que la mejor predicación es sin palabras, por medio del ejemplo o testimonio (largo camino me resta, pero seguimos perseverando).

La calidad de tu perseverancia determinará el nivel de gloria al cual entrarás cuando pases al otro lado.

Recuerda esa oración, te la voy a repetir: La calidad de tu perseverancia determinará el nivel de gloria al cual entrarás cuando pases al otro lado. Todo tiene que ver con llegar al otro lado del desierto. Desafortunadamente para nuestra vagancia, los estándares de Dios a la hora de calificar tu desempeño en la prueba son ALTOS. Puede que tu conducta mientras perseveras no te cualifique para la aprobación de la herencia total que te correspondería para este tiempo.

“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo; si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos también glorificados.” –Romanos 8:17

Queremos ser glorificados juntamente con Cristo, queremos disfrutar de sus beneficios y gloria desde ya. Lo que no queremos es padecer juntamente con El. Es natural. Pero si entendemos que padecer juntamente con El significa que mientras padezcamos, permanezcamos también juntamente a Él, nuestra actitud general puede dar un giro de 180%.

Si te has hecho hijo de Dios mediante la apertura de tu corazón a Cristo, te has hecho también coheredero con Cristo de la gloria de los cielos: salvación, vida eterna, y también dones y talentos útiles para el acercamiento del Reino de los Cielos a esta tierra. Los dones son irrevocables (Romanos 11:29) y aunque no te hayas sujetado a los estatutos bíblicos, puede que ya hayas percibido pequeñas (o grandes) manifestaciones de poder: sueños proféticos, visiones, sabiduría específica, discernimiento, etc. Desde que nos hacemos hijos, ingresamos una escuela ministerial en la que nuestro Padre es el Director, Jesús el Maestro y el Espíritu Santo la materia, y la vida es el salón de clase. Ante las variadas formas de las angustias que padece el hombre en la vida, padecemos juntamente con Cristo por la herencia de gloria; o sea, por el privilegio de ser usados por El en Sus propósitos durante nuestra corta estadía en esta tierra: la restauración, sanidad y reconciliación de nuestras vidas,  familias, y comunidades a la paz y al amor del Padre por medio de Cristo. Podemos ser parte activa de esta iniciativa, y es la voluntad de Dios que lo seas. Cada prueba es un curso que tomas porque te has matriculado en la academia ministerial desde tu conversión y aunque el proceso de aprendizaje pueda ser uno lleno de gran dolor y confusión, tus calificaciones te pueden graduar a mayores grados de entendimiento, autoridad, dominio y poder.

“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” –1 Pedro 4:10

En el pasaje de Romanos 8:17, Dios establece una relación entre el padecer juntamente con Cristo y el ser glorificados juntamente con El. Esto nos puede cargar y desanimar, ya que todavía en la tierra hay lugares donde se persigue la iglesia de Jesús. No hablo solamente de países donde no hay libertad de religión. El secularismo se ha convertido en un movimiento de rápida aceptación en el que colectivamente se le llama a lo malo, bueno, y a lo bueno, malo (Isaías 5:20). Padecer juntamente con Cristo requerirá mantener la integridad en medio de la aflicción, sea por persecución o por prueba personal. En ambas situaciones nos veremos frente a la tentación de negar los principios impregnados en nuestras vidas mediante la Palabra. En ambas circunstancias, si logramos mantener la integridad a Cristo y aprobamos el curso, seremos graduados a grados asociados, bachilleratos, maestrías y hasta doctorados en virtud celestial: unción de poder, dominio y sabiduría.

Resiliencia frente a los obstáculos

Hablemos de las pruebas, las dificultades frente a las cuales decae tu ánimo. En medio de la frustración es cuando más quieres volver atrás y desquitar tu coraje con viejas formas de resolver. Recaer. Maldecir. Anestesiarte con tu droga de preferencia (alcohol y café cuentan). Acostarte y dormir “hasta pasar la pesadilla”, solo para despertar a las varias horas (o días) y percatarte de que el problema sigue ahí, y más grande.

Bajo presión, podemos tender a olvidar los valores aprendidos, y regresar a la experiencia. Tu experiencia, lo que “te funcionó” en el pasado. Probablemente no te funcionó para resolver nada, pero se sentía bien. Lo que quieres es volver a sentirte bien.

Debemos crear conciencia de cómo esto funciona en nuestras mentes, para que funcione a nuestro favor. En momentos de desespero, nuestra antigua manera de pensar era bajo impulso, intentando alcanzar la gratificación más inmediata que tanto nos satisface: chocolates, drogas, o compartir en intimidad con esa persona que sabes que nunca te ha rechazado. Buscamos escapar del estresor en algún éxtasis, aunque sea por un ratito. Pero, ¿por qué recaemos en estas conductas, posiblemente años después de pensar que ya las teníamos dominadas? Porque permanece en el recuerdo. Se ha convertido en un modus operandi.

¿Cómo modificar? Aplicando el  mismo concepto: creando nuevos recuerdos, y provocando un nuevo modus operandi.

Cambia la historia. Primero que nada, hazte estas preguntas: ¿Cómo sería tu vida si pudieras manejar los retos ejerciendo dominio propio? ¿Qué sería diferente en el proceso de resolución de conflictos interpersonales? ¿Qué sería diferente en los resultados? Toma tu tiempo para contestar, visualiza cómo sería. Identifica los beneficios.

Ahora, hazte esta pregunta: ¿Qué puedes perder si continúas recayendo en antiguas maneras de manejar conflictos? Ejemplos: podrías perder relaciones importantes como cónyuges y amistades, podrías perder tu trabajo, tu casa y vehículo, y podrías perder la oportunidad de brindarles a tus hijos, o demás jóvenes con los cuales interactúas, un modelo de la forma correcta de hacer las cosas (o sea, podrías perder la oportunidad de provocar un cambio positivo en la historia de tus generaciones).

Los beneficios de modificar y los riesgos de no hacerlo te sirven de motivación. Apúntalos y posiciona la lista en un lugar visible como recordatorio.

Persiste en la presencia de Dios

El peor error que cometemos cuando estamos bajo la presión de la prueba es alejarnos de Dios (tal vez sea también el más común). Dejamos de orar y de leer la Biblia. Dejamos de congregarnos. Error, error, error. Al contrario, este es el momento de incrementar la lectura y los tiempos de oración. Detener la oración y la ingestión de la Palabra es como cancelar los contratos de compras de un supermercado. Más pronto que tarde, se van agotando los abastecimientos en inventario porque la gente sigue consumiendo. El ambiente se carga ante las quejas de los consumidores. Se van vaciando las góndolas hasta finalmente acabarse. Eso ocurre con nuestras fuerzas cuando cancelamos los contratos de abastecimiento espiritual. Se van agotando e intentamos continuar con nuestras propias fuerzas, que siempre se quedan cortas porque la batalla no está diseñada para que la pelees solo(a). El diseño original te posiciona como más que vencedor (Romanos 8:37) porque tienes uno que pelea por ti.

“¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros?” –Romanos 8:31

Al cancelar la entrada de abastecimiento espiritual, se quejan los consumidores de tu sistema ante la carga que asumes. Se te comienza a caer el pelo, cae tu estado anímico, nauseas, confrontaciones sociales, errores en procesos cotidianos, malas consecuencias que agravan la prueba… los resultados pueden ser mortales, pueden determinar si apruebas o no al próximo grado.

No hay pérdidas 

Nada es en vano. Menos aún para los hijos de Dios. ¿Has recibido a Cristo como tu Salvador? Pues eres hijo. Si no, aun eres criatura de Dios, pero con gran potencial a ser heredero del Reino de los cielos. Para sus hijos, desde el momento del renacimiento, el Padre comienza una obra en nosotros.

“…estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” –Filipenses 1:6

Esta obra es algo similar a una construcción o una remodelación, rompiendo nuestros fundamentos para rehacerlos, ahora sólidos sobre la roca que es Cristo. Es un proceso complejo porque Dios cambia los materiales que nos componen. Lo malo y lo bueno son reemplazados por lo mejor. ¿Cómo lo hace? (Prepárate) Rompiéndonos, confrontándonos y quebrantando lo errado que tenemos por dentro. ¡Y es mucho! Más importante aún, la misión de Dios, que es usarte, lo mueve a pasarte por procesos de adiestramiento que te capacitarán para sostener su bendición: pruebas, desiertos.

¿Cómo te ves mientras atraviesas el desierto?

En la sequedad, cuando los días son demasiado ardientes y las noches frías, ¿qué proyectas tú? ¿Eres un auto-manejador o requieres de cuidado constante? ¿Mantienes tu integridad, postura y ánimo, o caes en parálisis y recaes en viejas costumbres?

(Esto es un capítulo del libro que pronto publicaremos, “Alimenta tu perseverancia: Principios bíblicos, psicológicos y administrativos que te impulsarán al otro lado”. Si esta porción te pareció útil, compártela con tus amigos en Facebook, Twitter, email, etc. ¡Te lo agradeceremos!