“En una ocasión que lo intentaron, el espíritu maligno respondió: «Conozco a Jesús y conozco a Pablo, ¿pero quiénes son ustedes?». Entonces el hombre con el espíritu maligno se lanzó sobre ellos, logró dominarlos y los atacó con tal violencia que ellos huyeron de la casa, desnudos y golpeados.”

-Hechos 19:15-16 NTV

“Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.

-Marcos 9:28-29 RV

Vemos en las Escrituras que no todo el mundo puede echar fuera demonios. El ministerio de la liberación requiere un llamado y también requiere altos niveles de autoridad espiritual. A su vez, para entrar en altos niveles de autoridad espiritual, se demandan altos niveles de entrega espiritual.

Jesús mencionó “oración y ayuno” (Marcos 9:27). Oración es tiempo de relación con Dios, es intimidad para conocer la presencia y la voz del Espíritu Santo. El estudio de las Escrituras es imprescindible para poder discernir Su voz, pero el tiempo invertido en intimar con Él es lo que nos embarazará de presencia y poder sobrenatural. El tiempo de oración le da la oportunidad al Espíritu Santo de darnos instrucciones específicas. Las instrucciones que vienen de Dios ocasionalmente son difíciles de obedecer. Dios demanda orden y santidad, es normal que la carne se resista. Si nos resistimos a obedecer a Dios, carecemos de autoridad espiritual en esa área de nuestras vidas. Ante esta resistencia, muchos carecen de autoridad para reprender demonios. Para romper precisamente estas resistencias, Jesús nos entrega una llave poderosa: el ayuno. Mientras ayunamos, negamos nuestra carne de la necesidad de alimento físico, pero los efectos van mucho más profundos. En el proceso del ayuno, rompemos el dominio de la carne sobre nuestras vidas y a la vez, rompemos las resistencias que nuestra carne levanta para no obedecer a Dios. Luego de ayunar varias veces, te aseguro que obedecer a Dios se vuelve más fácil, incluso un deleite hacer Su voluntad.

Reconozco que no todo el mundo está llamado al ministerio de la liberación, pero también reconozco que muchos que sí son llamados, se han negado a pagar el precio necesario para operar en estas dimensiones de guerra espiritual. Creo que, ante esta realidad, a la hora de intervenir con personas batallando con fuertes opresiones demoniacas, muchos ministerios han desviado sus enfoques hacia otras estrategias menos agresivas y también menos exigentes, tales como consejerías y estudios bíblicos. Al demonio no se le aconseja, ni tampoco se discipula.

Lamentablemente, esto ha resultado en grandes porciones de la iglesia que se congregan semanalmente, posiblemente diezman, ofrendan e incluso sirven en ministerio, mientras intentan disimular las opresiones demoniacas que cargan.

La parábola de las diez vírgenes de Mateo 25 nos habla acerca de la importancia de mantener nuestras lámparas llenas de aceite. El aceite tipifica la unción del Espíritu Santo. La parábola menciona que las vírgenes tuvieron que ir a comprar el aceite, esto habla de un precio pagado por la unción. Hace falta que se levanten ministros determinados en pagar el precio necesario por la unción que salva, rompe ataduras y transforma.

Una nota final: El cuerpo de Cristo es diverso y entre nosotros hay ministros llamados a la liberación. En Marcos 9:38-39, Jesús asocia la unción de liberación con el don de hacer milagros. Los pastores principales de una congregación no tienen que manifestar todos los dones, pero sí deben poder identificar a las personas de su congregación que cargan los diversos dones. Se deben abrir los espacios para la operación del don de milagros y el ministerio de la liberación. Jesús lo hacía porque la iglesia de su generación lo necesitaba y la iglesia de nuestra generación también lo necesita.

(Este escrito es parte de un libro que estoy escribiendo titulado “Cómo mis padres me sacaron de las drogas”. Incluyo un capítulo donde describo mi liberación, que se dio más de un año después de entregar mi vida a Cristo en el 2004. Pendiente a estos medios para la fecha de lanzamiento.)