(Basado en una porción del libro “El Discípulo Amado”, de Beth Moore) 

Todos tenemos anhelos y deseos, entender la diferencia entre ambos conceptos hará de nuestra vida una diferente y sobre todo nos hará feliz. El mundo se encarga de hacernos desear sin límite y de hacernos pensar que seríamos infelices si no tuviéramos esto o aquello. En realidad, en la vida necesitamos menos de lo que tenemos y requerimos muchísimo menos que lo que deseamos. 

Mirar y analizar las vidas de los grandes hombres de la Biblia nos abre el entendimiento para concluir que la realidad del alcance de una vida se mide en base a la intensidad con la que vivieron y la expansión de sus logros. En este tiempo en que he podido meditar, he visto que la diferencia entre las vidas de los grandes hombres de La Biblia y las de los que me rodean se puede medir conforme al tipo de relación que tenían con Jesús. 

Las vidas vividas llena del amor de Jesús y del entendimiento de los cambios que podemos alcanzar cuando lo tenemos, llenando cada rincón de nuestro corazón, rompe todas las medidas del mundo: éxito, fama, fortuna, relaciones, posiciones.  

Todo pierde importancia si Jesús no estuviera en el centro de todo. 

Jesús tiene la capacidad de llenar nuestra vida de gracia y verdad. Solo de Él podemos recibir la esperanza, gozo y plenitud; necesarios para dar fruto de paz y dormir tranquilos. Según Beth Moore, esto se traduce en vidas hedonistas; su traducción del término es que la vida solo es una delicia si Jesús es el centro y te desbordas en parecido a Él. Jesús dijo; “yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10:10)   

Las vidas realizadas, vividas abundantemente, tienen su fundamento en la entrega de las riendas de ella a Jesús. No podemos confundirnos, aun los hedonistas reconocen la realidad del sufrimiento en medio de las situaciones, conflictos y pérdidas en el camino de lo que llamamos vida. La diferencia es que si no quitamos la mirada de Jesús, sabemos que obtendremos ganancias de las situaciones (Filipenses 3:8). 

Te invito que, si aún no le has entregado tu vida a Jesús, tomes la decisión de tu vida. Ninguna tiene la importancia que tiene ésta. Dale la bienvenida con una oración: 

“Señor Jesús te pido perdón por mis pecados, te pido que entres a mi vida y la cambies. Que escribas mi nombre en el libro de la vida y que me envuelvas en tu amor, en el nombre de Jesús, Amén, Amén.” 

Si hiciste esta oración, nos gustaría saber de ti. Envíanos un mensaje de texto al 787-454-6313 

Queda a tus órdenes, 

Nydia Millán- Pastora Asociada, Centro Cristiano Alcanza 

Coamo, Puerto Rico